Por la Ruta del Café en Colombia

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En esta ruta turística del café por Colombia, los viajeros pueden descubrir y conocer la vida misma que se da en los Andes colombianos; donde armonizan tierras y gentes, naturaleza y tradiciones.

Sobre el café de Colombia

Originario de Etiopía, fueron los árabes los que descubrieron las cualidades del café. El cafeto que es el árbol de café, llegó a Colombia a fines del siglo XVIII procedente de las Indias Occidentales francesas.

Se tienen noticias de que en 1732, los jesuitas lo plantaron por primera vez en la Misión; de Santa Teresa de Tabayé, fundada donde confluye el río Meta con el Orinoco. Nació entonces en los llanos, pero fue la montaña el lugar de su gran desarrollo; las condiciones naturales determinaron la rápida extensión del cultivo, que en 1835 cumplió con la primera exportación de granos. Hoy es la carta de presentación de Colombia frente al mundo. Sabor, aroma y densidad, definen la nobleza del café colombiano.

Los suelos donde se cultiva el café de Colombia son de origen volcánico, ubicados entre 1.000 y 2.000m de altitud; necesita unos 1.700 m.m de lluvia anual, y temperaturas entre 18° C y 24ª C.
Las laderas del piedemonte andino alojan el cafetero; el trabajo responde al tipo de agricultura intensiva, realizado en fincas pequeñas que generalmente pertenecen a los plantadores.

A pesar de su gran expansión, los departamentos colombianos productores de café que encabezan la producción son Caldas, Risaralda, Quindío, Cundinamarca y Tolima. Allí se concentran las densidades rurales; aún cuando el café es dominante, se obtienen además buenos rendimientos con el maíz y otros cereales, además de hortalizas y patatas. En las áreas más bajas, aparecen los plátanos.

Circuito del café colombiano

La Ruta del Café avanza entre Bogotá y Armenia, uniendo las ciudades intermedias de Honda, Manizales y Pereira a través de 383 km.

Este circuito turístico del café, ofrece una diversidad de ambientes escalonados a diferente altura, de modo que se avanza entre numerosas curvas y pronunciados ascensos y descensos.

Las temperaturas, tanto como el paisaje, varían desde el frío del páramo a la tibieza de los faldeos, y desde allí al calor de las hondonadas. Los valles ubérrimos atesoran poblados que conservan reliquias coloniales y donde la cultura “paisa” alcanza su máxima expresión.

El campesino del área procede de Antioquia; es alegre, bullicioso, y por ende, extravertido; su temperamento lo traslada a la fachada colorida de sus viviendas, a las muchas macetas con flores que asoman a los balcones y ventanas, al modo de vida familiar, y también al ingenio con que se traslada de una hacienda a otra o de pueblo en pueblo. Lo hace generalmente en la chiva, una especie de colectivo pintado de vivos colores, donde una parte del pasaje va sentado, y el resto colgado de donde pueda aferrarse. Es costumbre que en el asiento de atrás se instalen dos o tres músicos.

Al recorrer las villas rurales donde se cultiva el café colombiano, también es común ver un viejo “jeep” o camioneta que transporta al dueño con sus sacos de café y otras mercaderías, además de su numerosa familia y también a algún vecino. La mula tramitando por esta atrevida geografía.
En los mercados y comercios, se ofrecen las variadas artesanías que confeccionan los pobladores del lugar.

La nueva forma de acceder al circuito turístico del café, es el agroturismo; donde varias haciendas ofrecen alojamiento a los turistas con actividades recreativas, paseos a caballo, y la observación o colaboración del viajero en diversas tareas relacionadas con la siembra o la recolección según la época.

Sobre las haciendas cafeteras

Las casonas de las haciendas cafeteras son bastante similares entre si, pues recuerdan la arquitectura de las casas de los campos castellanos o la de los cortijos andaluces; pero difieren en que los bosques que las rodean disponen de excelentes maderas, de modo que este recurso natural del entorno ayudó a otorgarle calidez.

Los patios de las casonas cafeteras se conectan entre sí por medio de la cocina y la despensa, que separan a su vez el área familiar de la que corresponde a los huéspedes o al servicio doméstico. Se asemejan a la arquitectura de los claustros, con la diferencia de que presenta continuidad por el empleo de amplias galerías perimetrales.

Como solución a su emplazamiento en tierras cálidas, la fachada norte/sur es mucho más extendida, para exponer mayor superficie a la sombra. La ventilación se obtiene por la profusión de aberturas y amplitud de los cuartos. Los jardines conservan el aspecto agreste, y esbeltos palmerales junto a los arbustos con flores rodean la pileta o pozuelo, que generalmente está ubicada en los sectores más resguardados.

Los hostales y numerosos hoteles de la región, han copiado la disposición de la casa-finca, pues no sólo resulta práctica, sino que armoniza con el singular ambiente de los Andes del Norte.

Recorriendo la Ruta del Café de Colombia

Para el turismo convencional el camino del café se realiza desde Bogotá. Saliendo hacia el noroeste se va en busca del río Magdalena a través de la montaña; los faldeos están cultivados con flores y cereales que acompañan el recorrido donde abundan paradores y restaurantes que ofrecen sus servicios a los turistas.

Algunas poblaciones asociadas al Eje Cafetero o Triangulo del Café en Colombia, como Funza o Facatativa, en el departamento de Cundinamarca, guardan vestigios indígenas y coloniales. El café primero aparece mezclado con otros cultivos como caña de azúcar, arvejas y maíz, y también con espacios dedicados a la ganadería.

Aparece Villeta, en Cundinamarca, antiguo emplazamiento de la conquista, Ocupa una posición estratégica en el que fuera camino real entre Bogota y Honda; hoy es un sitio rodeado de densos cañaverales y buena infraestructura para el viajero.

Después de una larga subida, se desciende al valle del Magdalena. Diversos kioscos ofrecen artículos de caña o de paja taquilla. La población de Guaduas en Cundinamarca, debe su nombre a la abundancia en los bosques del lugar, de una especie de bambúsea cuya madera es utilizada en estructuras sólidas, además de fabricar utensilios para la vida diaria.

  • Honda

Pocos kilómetros más adelante y siempre en descenso, aparece la población de Honda en el departamento de Tolima, antiguo puerto fluvial del Magdalena. El río salva el accidentado terreno por medio de rápidos; magnífico, es el gran protagonista del lugar. Hasta aquí, el circuito completó 150 Km., el camino descendió más de 2.400m y la temperatura subió unos 15° C.

Honda fue el lugar del río donde en épocas de la colonia, debía ser descargada la mercadería y distribuida a lomo de mula a las poblaciones. Esta población que integra el circuito del café colombiano; conserva la arquitectura de tiempos coloniales, especialmente en las calles Trampas y Sello Real, donde se puede apreciar la adaptación de la vivienda familiar al piso Cálido. Su bello entorno resulta propicio para el descanso, con buenos balnearios y lugares para acampar.

  • Mariquita

En la población de Mariquita en Tolima, las fincas desbordan de cultivos; como el sorgo y el aguacate o palta, ocupando grandes espacios, junto a otros frutales. El domingo es día de mercado en Mariquita, tradición que merece depararle unas buenas horas.

Para los turistas amantes de la naturaleza, es preciso recordar que la Expedición Botánica ordenada en 1783, se instaló aquí por varios años. Allí, el Museo de Historia Natural conserva testimonios importantes, como así también grabados de plantas realizados con puntilloso celo profesional, que recién en el año 1954 se dieron a conocer, ya que recién en ese año se comenzó a publicar la denominada Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada.

Siempre con rumbo al oeste, la ruta del café ahora trepa entre innumerables curvas que obligan a reducir la velocidad del viaje, permitiendo así, captar un entorno cautivante entre los faldeos ocupados por cafetos y los enhiestos peñones de los Andes de Tolima. En esa zona, los tejados de las casas emergen entre el verde brillante de las plantaciones; se pasa por la población de Padua, gran centro acopiador, y el camino continúa subiendo hasta llegar al punto mas elevado del circuito, Alto de Letras, a 3.700 rn.s.n.m. El trecho recorrido es muy usado por los profesionales del ciclismo de montaña, actividad deportiva donde Colombia ha ganado prestigio internacional.

  • Manizales

Manizales que es la capital del departamento de Caldas, esta a sólo 37 Km. de Alto de Letras, y se deben bajar 1.550m desde el frío paramontano, a la tibieza del Piso Medio. La capital del departamento de Caldas ha sido ubicada en medio de una topografía escabrosa; colgada literalmente de los cerros, el viajero debe transitar por calles empinadas y familiarizarse con profundas hondonadas.

Esta ciudad que forma parte de la ruta del café, está custodiada por las cumbres de la cordillera Central y brilla desafiante el Nevado de Ruiz.

Manizales es lugar cortes, amable, su gente ha conservado costumbres de tiempos pasados, y esta habituada a convivir con la amenaza de los volcanes que la rodean. El conjunto urbano y sus numerosas iglesias meritan para dedicarle un tiempo; el estilo Neogótico está presente en la gran catedral, símbolo de la ciudad que posee un curioso balcón mirador alrededor de la torre central llamado Corredor Polaco, desde donde se puede observar el magnífico panorama andino.

Cuna de eficientes maestros talladores, no debe sorprender que la excelente madera rojiza y perfumada de las cedrelas engalane muchas construcciones, además de haber sido empleada en los arcos ojivales de la preciosa Iglesia de la Inmaculada, en el Parque Caldas.

El emplazamiento de Manizales resulta estratégico, entre las tres urbanizaciones mas importantes de la Nación, de modo que esta posición de “bisagra” consolida su desarrollo; congrega numerosos festivales, eventos y convenciones.

Baños termales, sosiego en sus alrededores cubiertos de vegetación, la animada tertulia y el infaltable paseo en chiva, es parte de lo que el viajero podrá disfrutar en esta elegante ciudad andina.

El Centro Nacional de Investigación del Café ofrece visitas guiadas en la granja experimental a cargo de la Federación de Plantadores. Modernización tecnológica, control de plagas, desarrollo de nuevas variedades, es parte de la información a la que se accede, además de visitar una plantación de café.

La ciudad cuenta con un sistema destinado a captar movimientos sísmicos provenientes de la actividad volcánica, dada su proximidad al Nevado del Ruiz.

A lo largo de la Ruta del café, el camino sigue deparando la prístina belleza del bosque y su riqueza floristica, cuando no está poblado de cultivos. Hay numerosos centros termales, pero el más recomendado es Santa Rosa de Cabal, en el departamento de Risaralda, donde se precipitan cascadas y saltos que forman piletas naturales envueltos en el verde intenso de la vegetación. El sitio dispone de alojamiento y asistencia médica. Abundan los lugares que ofrecen la excelente y variada producción frutícola de la región, como piñas, mangos, guayabas y sandias.

  • Pereira

Por su parte, la población de Pereira en Risaralda, es una ciudad progresista y tesonera, en medio de una geografía rodeada de colinas y quebradas que manchan aquí y allá los bosquecillos de guadales.

Aún cuando el café es el cultivo dominante, comienzan a ganar espacio las plantaciones de caña de azúcar y de piña, además de la muy buena ganadería que toma importancia año tras año. A medida que el camino baja al Cauca, los plátanos y la yuca se mezclan con los cafetos.

Se percibe un dinamismo armónico entre la ciudad y sus zonas rurales, que son las que sustentaron el desarrollo que hoy la caracteriza.

Esculturas curiosas lucen en sus prolijas avenidas, obras de Rodrigo Arenas Bentancurt, como “El Bolívar Desnudo”, “Prometeo”, “El Cristo sin Cruz” y otras. La oferta para el viajero se basa en sus buenos museos, amplias avenidas arboladas y modernos hoteles. El aeropuerto recibe un importante volumen de cargas y pasajeros, pues Pereira surge en un triángulo de circulación, dominando los accesos a Bogotá, Cali y Medellín.

Entre los paseos urbanos se recomienda su Jardín Zoológico, con destacados ejemplares de la fauna regional y otros exóticos.

  • Armenia

Armenia en el departamento de Quindío, es el último lugar del circuito turístico del café en Colombia. La ciudad es muy joven, pero evidencia una lograda organización del espacio urbano y rural, que se refleja en la calidad de vida de sus habitantes.

Museo del Oro de Quimbaya

En esta ciudad que forma parte del eje cafetero, no se puede dejar de visitar el Museo Quimbaya, cuyo diseño es de Rogelio Salmona, Primer Premio Nacional de Arquitectura. Ocupando una extensa superficie, se accede por una gran escalinata destacándose el estanque central.

Los antiguos habitantes de la región fueron los quimbayas y pijaos; los primeros alcanzaron una excelente organización social y fueron notables orfebres. Parte de su estupendo legado en oro constituye el patrimonio del museo, que cuenta además con exhibiciones temporales; se recuerda que el gran tesoro Quimbaya permanece en Madrid.

Ahora sí; el Camino del Café depara en el último trecho a recorrer un panorama de excepción. Entre Pereira y Armenia el ambiente andino lo componen valles muy estrechos, zonas altas mas despejadas, quebradas umbrías, además de que resulta evidente un buen manejo de los caudales hídricos y el celo con que se preserva el bosque nativo.

Paisaje cultural arquitectónico de la ruta del café

El paisaje cultural de este circuito del café por Colombia es encantador, sustentado por la arquitectura rural, no solo en las haciendas, sino también en los pueblos. Se suceden zaguanes, portones y patios, galerías con puertas resguardadas por celosías y distribuidas en dos plantas; en la de abajo destinada a la actividad comercial, mientras que la de arriba es usada como vivienda para la familia.

Entre los materiales mas empleados está el llamado “bahareque”, que es un conglomerado de cañas trenzadas con bejucos y consolidado con barro seco. La cubierta es a dos y cuatro aguas con tejas de barro. Muchas de las estructuras son de guaduas, y las aberturas logran realce al estar trabajadas en la excelente madera de los bosques cercanos.

viviendas rurales cafeteras

Al organizarse gran parte de las habitaciones alrededor de un patio central, la casa adquiere frescura y luminosidad, embellecida por la vegetación exuberante que siempre la rodea. Distribuidos los volúmenes de manera tan armoniosa, la vivienda de los pueblos cafeteros se ensambló totalmente al accidentado territorio de los Andes.

Sin duda, que el Camino del Café depara mucho más atractivos, a través de numerosos desvíos que llevan a reservas forestales y naturales; sin embargo, resulta oportuno recordar que las diferencias de altura observadas a lo largo del itinerario, debe ser tenidas muy en cuenta, de la misma manera que cuando se transita por los demás países andinos sudamericanos.

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